viernes, 1 de abril de 2011

Las Montañas rescatan la vida de una existencia burguesa

El Colorino pico en la Sierra de Candelario Salamanca


 Nos envía Marce esta bonita carta:

Oler, oír, palpar y mascar lugares salvajes, inhóspitos y nada modificados, es un placer intenso, donde sientes ser un ser insignificante y uno más.

Dependemos de ellas, siendo esenciales para la supervivencia de la humanidad.
Sus efectos repercuten sobre nosotros en formas que tal vez no hayamos concebido antes, teniendo más respuestas que preguntas.

Apresado por ella y sus caprichos te cercioras de que la naturaleza es única y de que la satisfacción de observarla es infinita, con un poder de regeneración que nos devasta cuando quiera con el mínimo esfuerzo
e inicia otro ciclo, sin más.

A Josu, con el que en las altas cumbres bebí el néctar´de la NATURALEZA.
Marce S.    .


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